TESOROS EN LA ROCA
Hace unos 150 años, en Lyme Regis, pueblecito de la costa inglesa, una niña llamada Mary Anning trepaba por los escarpados arrecifes siguiendo a su padre. De pronto Richard Anning se detuvo y desprendió algo que había en una roca. Mary se acercó con gran curiosidad a ver lo que era.
“Mira, Mary” dijo su padre. “son conchas que comprarán los que viajan en las diligencias. Voy a meterlas en la alforja. Ven conmigo, yo conozco un lugar donde se pueden encontrar más”.
Y así continuaron buscando las hermosas conchas incrustadas en la piedra que compraba de recuerdo la gente de Londres cuando venía de paseo a la pintoresca Lyme Regis.
Nadie conocía mejor los arrecifes que Richard Anning, carpintero del pueblo. En su taller se encontraban las mejores piezas, a que conocía muy bien todos los escondrijos donde se hallaban. Mientras caminaban juntos por entre las rocas, confió sus secretos a Mary, que se maravillaba de las hermosas conchas tan extrañamente incrustadas en la roca. Sin embargo, no había ninguna que se pareciera a las que se veían en la playa al bajar la marea. Aquí y allá en la roca había, además de las conchas, unas figuritas raras en forma de hueso, que las gentes del pueblo llamaban “vértebras” y que a Mary le gustaban mucho.
Mary quedó huérfana a los once años, y desde entonces pasaba las horas de su soledad caminando por entre los arrecifes. En cierta ocasión, cuando volvía a casa con una piedra que tenía incrustada una concha de una hermosura singular una mujer se la compró en media corona, que en ese entonces equivalía a unos 75 centavos. Desde ese momento Mary se hizo coleccionista y vendedora de los extraños tesoros ocultos en las rocas de Lyme Regis y cada día hacía nuevos descubrimientos.—
Un año más tarde, hizo un gran hallazgo entre los arrecifes. Había muchas “vértebras” que, en conjunto, parecían formar un diseño. Parecían los huesos de un pez muy raro incrustados en la roca. Como ella no podía desprenderlos contrató a unos picapedreros para que ellos los arrancaran de la roca.
Mr. Henlev, lord de una casa solariega vecina, también se interesaba por las rocas de Lyme Regis y le compró a Mary las “vértebras” en 23 libras que por aquel entonces valían más de cien dólares.
Explorando las costas vecinas de Lyme Regis, la joven Mary Anning pronto se hizo famosa entre los hombres de ciencia que se dedicaban al estudio de aquellas rocas que so lían tener incrustadas conchas y huesos tan extraños. Estos hombres estaban fascinados por los curiosos arrecifes y siempre que salían a explorar, le pedían a Mary que les sirviera de guía. Por muchos años esta muchacha sencilla y humilde de Lyme Regis sirvió de guía a muchos hombres de ciencia mundialmente famosos. A la muerte de Mary Anning los hombres de ciencia mandaron poner un hermoso vitral en la iglesia del Pueblo, en memoria de la gran labor que había desempeñado esta muchacha.
Mary Anning se dio cuenta de la importancia que tenían los arrecifes de Lyme Regis ya que vivió en la época en que empezaba el interés por el estudio de las rocas.
Por mucho tiempo los hombres de ciencia se habían preguntado qué edad podría tener la Tierra. Algunos opinaban que sólo tenía unos cuantos millones de años y que siempre había sido tal como la conocieron ellos, con los mismos animales y el mar y la Tierra ocupando el mismo sitio. Luego notaron que las rocas estaban formadas de capas de distintas clases colores y que a veces tenían conchas, huesos los trazos delicados de algo que parecía ser hojas. Pero creyeron que estos “fósiles”, como les llamaron, eran simplemente caprichos de la naturaleza.
Sin embargo, hace unos 150 años, algunos hombres de ciencia empezaron a darse cuenta de que todos aquellos fósiles representaban en realidad a las plantas a los animales que habían vivido hace muchísimo tiempo. También sospecharon que la Tierra era muchísimo más vieja de lo que hasta entonces se habían imaginado. Asimismo comprendieron que las transformaciones de la Tierra sólo podrían conocerse por el estudio de las rocas que proporcionaban la clave. Por eso se pusieron a juntar todas las claves.
Los hombres de ciencia que analizaron las conchas de los arrecifes de Lvme Regis descubrieron que esas conchas correspondían a mariscos de épocas muy remotas. Cuando, a los doce años de edad, Mary Anning había descubierto aquellas vértebras había sido la primera en descubrir un esqueleto completo de un ictiosaurio, un vertebrado o animal con espina dorsal, que había muerto hacía millones de años.
En otros lugares del mundo también se hacían fantásticos descubrimientos y poco a poco se fue reconstruyendo la historia de la Tierra que, según se cree, ocurrió en esta forma:
LA HISTOTIA DE LA TIERRA
La Tierra tiene mas do cuatro o mil! mes de años. Al principio, era una bola de gas que duro así millones de años. Poco a poco conforme se fue enfriando, se transformó en una esfera ardiente de minerales tundidos. Luego muy lentamente, los minerales pesados se sumergieron hacia el centro de esa esfera, y los más ligeros quedaron en la superficie. El granito formo bloques que tarde serian los continentes entre los cuales quedaban profundas cuencas.
Pasaron muchos años hasta que por fin los vapores que despedía la tierra alcanzaron las capas mas altas y frías de la atmósfera se condensaron en agua. Empezó entonces a caer la lluvia. Llovió tanto, que las enormes cuencas se fueron llenando poco a poco y se formaron los océanos.
Finalmente después de millones de años, la Tierra tenía sus continentes y sus mares. Pero era una Tierra extraña y desolada. En la roca desnuda de la Tierra, no había ni un pedacito de musgo. En el océano tampoco había ni la más in significante conchita o planta marina. No había aves que cantaran ni animales que rugieran. Sólo se oía el batir de las olas contra la roca desnuda sin el menor indicio de vida.
Pasaron otros millones de años antes de que en algún momento y en algún lugar en el agua se produjera la vida. Nadie sabe cómo ocurrió esto, o cómo fueron sus primeras manifestaciones. Sin embargo, con el paso de los siglos, muchas clases de plantas y animales fueron evolucionando primero en el agua y luego en la tierra.
Cuando apareció el hombre, hace apenas un millón de años, muchos diversos tipos de plantas y animales ya habían logrado vivir durante un período de tiempo. Después desaparecieron para siempre. Sólo sabemos que existieron por las huellas que nos dejaron en las rocas. Se les llama plantas y animales prehistóricos por haber vivido mucho tiempo antes de que se empezara a escribir la historia.
LA LECTURA DE LAS ROCAS
Las rocas que nos hablan de los animales prehistóricos se formaron de un modo muy especial. La lluvia que se precipitaba sobre la corteza terrestre y el hielo que se resquebrajaba sobre ella fueron desprendiendo pequeños trozos de roca y tierra. Al ser arrastrados por las corrientes también iban desgastando la corteza terrestre. Pronto, los ríos se llenaron de partículas minerales y granos de roca que, arrastrados por la corriente, llegaban hasta los océanos y lagos.
Por espacio de millones de años, estas partículas minerales, junto con pequeñas conchas de animales acuáticos, fueron formando capas en el fondo de los lagos y del océano. El material que se va acumulando se llama sedimento. Conforme van acumulándose unas capas sobre las otras, los sedimentos inferiores se endurecen formando rocas sedimentarias.
Generalmente, al morir las plantas o los animales se pudren y desaparecen. A veces, sin embargo, al morir una plan ta o un animal queda accidentalmente cubierto por una capa de lodo o de arena. En ciertas ocasiones, esta capa evita la descomposición y el animal o la planta muerta permanecen intactos por algún tiempo. Luego, al formarse capas más y más gruesas, las huellas del animal o de la planta se conservan como fósiles en las rocas sedimentarias.
La palabra fósil viene del latín que significa “desenterrado”. Hay muchas clases de fósiles. Unos son los huesos o conchas originales que se conservaron en la roca. En otros casos, el material de las conchas o huesos quedó parcial o totalmente reemplazado por minerales que se filtraron con el agua. y el fósil resulta ser un modelo mineral del original. O bien, en otras ocasiones, la planta o el animal desaparecen quedando el molde o las huellas. Los fósiles son todas las huellas de una vida pasada que se conservan en la corteza terrestre.
Muchos de estos fósiles se originaron en capas sedimentarias de agua poco profundas. Más tarde, al contraerse y plegarse la corteza terrestre, estas capas se levantaron sobre el nivel del agua formando pliegues irregulares y retorcidos como las montañas. Inmediatamente el viento, la lluvia y de más elementos principiaron a desgastar estas capas de roca hasta dejar los fósiles al descubierto.
Los hombres de ciencia pueden calcular casi con exactitud la antigüedad de una capa de roca. Desde luego, si conocen la edad de la roca también podrán determinar la edad de los animales plantas fósiles que contenía.
A través del estudio de las rocas y sus fósiles, los hombres de ciencia han podido dividir la historia de la Tierra en diversos períodos separándolos por los intervalos en que se formaron las montañas y por las distintas clases de fósiles. Pueden determinar con precisión el período en que vivió cada fósil.
Por supuesto, ningún hombre de nuestro tiempo ha visto esos animales prehistóricos. Las representaciones que hacemos de ellos se hacen siguiendo las huellas que dejaron. Sin embargo. las fuentes que poseemos son muchas. Existen esqueletos completos de animales que nos dan una idea exacta de sus dimensiones de la distribución de sus huesos. Se conservan además huellas de algunos animales que nos muestran cómo era su piel. Por eso, las representaciones que se hacen actualmente sin duda son muy parecidas a 10 que fueron en realidad los animales de hace mucho tiempo.
LOS PRIMEROS POBLADORES DE LA TIERRA
Mientras los peces conquistaban los océanos, ocurría algo aún más impresionante. Algunos pioneros salieron del agua y se aventuraron a la tierra desnuda. Unas cuantas plantitas verdes habían crecido en las orillas fangosas por algún tiempo. Durante la Edad de los Peces aparecieron los primeros bosques de enormes plantas parecidas a los helechos.
También los animales buscaban la manera de salir a tierra. Aun antes de que abundaran los peces, ya corrían por las orillas pequeños escorpiones de cuatro centímetros de largo. Al parecer, fueron los primeros animales sobre la Tierra que respiraron aire. Más tarde aparecieron los caracoles. Pero tuvo que pasar mucho tiempo antes de que aparecieran los vertebrados.
Para que un animal vertebrado pudiera vivir sobre la superficie terrestre necesitaría patas fuertes que lo levantaran del suelo y le permitieran caminar. Su cuerpo necesitaría tener una estructura de huesos que le dieran forma. Necesita ría además pulmones para respirar aire.
Los peces eran los vertebrados de entonces, pero carecían de piernas y la mayoría respiraba mediante branquias, no pulmones. Las branquias son pliegues húmedos de tejido muscular o membrana, con hendeduras que van de la garganta del pez hasta el agua. El pez traga el agua que luego hace pasar a través de las branquias. Las branquias absorben el oxígeno disuelto en el agua.
EL NUEVO TIPO DE ANIMAL
Al pasar los siglos, los animales vertebrados empezaron a caminar sobre la Tierra. En las rocas de hace 200 millones de años se han descubierto las primeras huellas de pisadas. Las impresiones demuestran que las patas traseras tenían cinco dedos y las delanteras cuatro. Se cree que estos vertebrados terrestres evolucionaron en la forma siguiente:
Durante parte de la Edad de los Peces, la Tierra era plana y húmeda, con muchas bahías y lagos interiores. Pero luego la Tierra entró en un período de recogimiento y se forma ron las montañas al replegarse en parte la tierra. Algunos lagos y bahías se fueron vaciando poco a poco hasta quedar secos, ya que por entonces llovía muy poco. Algunos peces consiguieron nadar hasta lugares más profundos. Muchos en aguas estancadas y cenagosas murieron. Pero unos encontraron la forma de adaptarse a este ambiente más seco.
A esta categoría pertenecían los crosopterigios, peces con aletas lobuladas. Tenían cuatro aletas cortas fortalecidas por una estructura de huesos. Tenían espina dorsal y una especie de pulmón que les permitía respirar aire.
Poco a poco los lagos seguían secándose y los peces se guían muriéndose. Pero algunos de los crosopterigios se arrastraron penosamente tierra adentro y centímetro por centímetro, fueron arrastrándose por la tierra con sus cortas aletas. Los más fuertes lograron llegar hasta algún lago donde pudieron descansar por lo menos durante un tiempo.
Esto transcurrió durante mucho tiempo. Los peces con aletas lobuladas más fornidos más adaptados a este nuevo clima seco, lograron sobrevivir. Poco a poco algunos fueron transformándose. Empezaron a tener patas y pulmones huesos cuerpos cada vez más apropiados para vivir en la Tierra. Por último, después de millones de años algunos peces habían cambiado tanto, que formaban otro tipo de animal llamado anfibio. Este nombre viene del griego que significa el que “vive una vida doble”. Los anfibios podían vivir en la tierra y en el agua.
Por supuesto que los crosopterigios no se transformaron porque quisieron. Es que no podían evitar el cambio. Entre los animales de una misma especie, suelen nacer algunos con pequeñas diferencias respecto de los demás. A veces los cambios no son ventajosos para los animales y entonces, mueren. Pero en otras ocasiones, ocurre lo contrario. Entonces no sólo sobrevive el animal, sino que se adapta al medio muy bien. Posiblemente los hijos de este animal también sufrirán pequeños cambios que les beneficien en la misma forma. Sus descendientes podrán cambiar aún más y por último, después de millones de años, la suma de estos pequeños cambios dará como resultado otra especie de animal completamente distinta. Esto es lo que ocurrió a los crosopterigios que se transformaron en anfibios.
NADANDO Y VOLANDO
Ahora los reptiles evolucionaron formando diversas clases y tamaños. Algunos volvieron al agua. Los ictiosaurios se transformaron en animales aerodinámicos con forma de pescado. Fueron los huesos de uno de estos animales los que Mary Anning descubrió en las rocas de Lyme Regi. Eran animales de metro y medio a tres metros de longitud aunque algunas variedades alcanzaban hasta nueve metros.
El ictiosaurio se movía rápidamente por el agua con movimientos ondulatorios del cuerpo y de la cola, como lo hacen los peces. Sus patas gradualmente disminuyeron de tamaño hasta convertirse en aletas cortas, que solo le servían de timón. Tenía hocico alargado y fuerte. dientes curvos que le ayudaban a retener los peces con que se alimentaba. Probablemente sus enormes ojos localizaban la presa desde lejos y podian impulsarse velozmente tras ella gracias a su tuerte cola.
Muy distintos de lo ágiles ictiosaurios eran los torpes plesiosaurios. Otro tipo de reptil acuático con aspecto de barcaza que probablemente surcaba el agua nadando lentamente con sus cuatro patas cortas en forma de remos.
Algunos de los plesiosaurios alcanzaban cerca de 12 me tros de longitud. Gran parte de esa longitud se debía muchas veces a su cuello largo y flexible. Se descubrió un plesiosaurio cuya cabeza medía medio metro de largo, el cuerpo unos tres metros, la cola dos y el cuello siete metros. Un hombre de ciencia dijo en cierta ocasión que el plesiosaurio debió haber presentado el aspecto de una serpiente que salía del cuerpo de una tortuga. Muchas veces el cuello comprendía más de la mitad del largo total del plesiosaurio.
Ese cuello tan largo le era muy útil. El plesiosaurio era un animal de movimientos lentos que chapoteaba majestuosamente por el agua. Pero al ir chapoteando podía de pronto clavar la cabeza en el agua y devorar algún pez que nadaba a buena distancia.
Otro tipo de reptil, el pterosaurio, surcó los aires. Los había de muchos tamaños, algunos del tamaño de un gorrión y otros medían seis me tros de la punta de una ala a la punta de la otra.
Los pterosaurios no tenían plu mas en las alas como las aves. Las alas del pterosaurio eran de piel uni da, por una parte al cuarto dedo de las patas anteriores del animal y por otra, a sus patas traseras. Las garras anteriores eran cortas y encorvadas y le permitían caminar o colgarse de cabeza de las ramas de los árboles o peñascos.
Los dientes de algunos de los primeros pterosaurios eran como agujas. La cola era larga y tenía una especie de remo en la punta. Con el paso del tiempo cambiaron mucho y más tarde, los pterosaurios tenían grandes picos sin dientes y una cola muy corta. Probablemente vivían en los árboles o en los arrecifes y se alimentaban de flores, frutas e insectos.
Los reptiles que volaban por los aires y se deslizaban sobre el agua deben haber sido un espectáculo común en aquellos tiempos. Pero aún más importantes que estas criaturas fueron los primeros reptiles terrestres. Algunos de estos fueron los antecesores de los mamíferos que aparecieron mucho más tarde sobre la Tierra. En esa época, sin embargo sólo un tipo de reptil terrestre tuvo una importancia especial ya que llegó a dominar la Tierra durante 125 millones de años más tiempo que ningún otro animal que jamás haya vivido ¡ 125 veces más que el hombre! Estos reptiles eran los dinosaurios. El período en que vivieron principió hace unos 200 millones de años y se le llama la “Edad de los Reptiles”.
Cuando los hombres de ciencia empezaron a descubrir en las rocas los extraños fósiles de la “Edad de los Reptiles”. dijeron: “No hay nombre para estos animales”. Cómo les pondremos A uno se le ocurrió el nombre de “dinosaurio” dos palabras griegas que significan “lagarto terrible”.
Desde entonces, cuando se descubre un nuevo dinosau rio, su descubridor le pone un nombre especial valiéndose ge neralmente de palabras griegas o latinas como se acostumbra para clasificar a las plantas y a los animales. Aunque estos nombres nos parezcan complicados, realmente facilitan las cosas ya que determinan, de una vez por todas, el nombre del dinosaurio en cualquier lengua, en vez de tener un nombre en inglés, otro en alemán y así sucesivamente.
¿AVES? ¡TONTERIA!
Hace más de cien años, en el valle del río de Connecticut, en Nueva Inglaterra, campesinos que araban la tierra y can teros que extraían la piedra, a menudo encontraban huellas de pisadas que habían sido impresas cuando aquella roca no era sino barro suave. Las huellas correspondían a animales que caminaban en línea recta sobre dos patas que parecían garras de ave con tres dedos. Algunas eran tan pequeñas como las pisadas de una gallina, otras eran enormes.
“ Cuántas aves !“ comentaban todos. ¿Cómo es que hay tantos tamaños? ¿En qué época vivieron?
Nadie pudo explicarlo sino hasta que no vino un hombre de ciencia que sabía mucho sobre rocas.
“ Aves !“ refunfuñó. “ Imposible! Esas rocas son demasiado antiguas. Aún no existían las aves cuando se formaron esas huellas”.
Las examinó con detenimiento. De cuando en cuando aparecía detrás de las huellas otra marca que hacía suponer que el animal había arrastrado una larga cola. Y junto con las huellas de tres dedos había otra de cuatro que pertenecía sin duda a algún reptil.
“No son huellas de ave”, dijo el hombre de ciencia. “Son huellas de dinosaurio como las que se han descubierto en otros lugares del mundo”.
Más hombres de ciencia empezaron a investigar en ese lugar. Finalmente lograron descubrir algunos huesos de dinosaurio, pero nunca encontraron huesos de ave en rocas tan antiguas. En efecto los pantanos de Connecticut, convertidos en roca, estaban llenos de huellas de dinosaurios, que vi vieron en la edad de los reptiles.
LOS PRIMITIVOS SALVAJES
